esta es mi vida en bogotá, la ciudad de siempre

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martes, 16 de septiembre de 2014

Creer, sentir




[Abril, 2013]

Verónica, una chica que conocí en Colombia hace dos años, gracias a que siguió a unos indígenas kogui y llegó a la playa donde yo estaba acampando, me invita a Barcelona a ayudarle a escribir un guión para un largometraje. Paga mi tiquete de avión y me consigue un lugar donde quedarme. Ella estaba en Nueva York estudiando en la Universidad de Columbia, donde todo iba aparentemente bien, hasta que empezó a tener pesadillas muy  fuertes, con fieras que la perseguían, con masacres, y a la vez empezó a romper relaciones con las personas más cercanas, entrando en una crisis de profunda confusión, por lo que debió regresar a Barcelona. Allí encontró personas que le dieron una explicación a lo que le estaba pasando. Se encontraba en un proceso espiritual de limpieza y despertar. Verónica me cuenta entonces de los niños índigo, de un lugar llamado Lemuria, de la reencarnación, me dice que recibe energía en el cuerpo como si una gran mano invisible estuviera trabajando en ella, y que recibe información través de los sueños. Solo puedo  decirle que respeto sus creencias pero que nunca he tenido contacto con algo así.

Desde los primeros días empiezo a sentir una energía muy fuerte a nuestro alrededor y también en mi propio cuerpo, una vibración interna que he sentido antes más intensamente con algunas plantas de poder como los hongos o el Yagé.

Un noche, jugando en un rodadero en la playa, en medio de una conversación, Verónica me dice: "es que todo lo que sucede es lo que tiene que suceder", y en mi cabeza algo encaja perfectamente: aceptación total de la vida tal y como es. La idea de que todo lo que sucede es aprendizaje constante. No había mejores posibles caminos, no hay errores, no hay posible fracaso. Esto lo había comprendido teóricamente a lo largo de mi vida pero las experiencias que tengo en este mes me animan (y me obligan) a tener que asumir a fondo estas ideas que me liberan de muchos miedos, sobre todo del miedo a equivocarme, y me muestran la necesidad de amarme a mí mismo a la vez que debo dejar de alimentar mi ego. Son ese tipo de cosas que hemos escuchado mil veces, las típicas frases de calendario como: "confía en ti mismo" pero que aplicar en la vida diaria no es tan sencillo. También la palabra "amor" empieza a tomar mucha fuerza, como esa gran fuerza que podemos accionar colectivamente.

Ya estoy quedando como un místico en un mundo de lectores escépticos, pero no tengo otra opción, luego de lo que he vivido y visto no me queda más que aceptar este conocimiento y compartirlo. Mi intención no es convencer a nadie, sino comunicar la experiencia por si a alguien le resuena. La diferencia está en creer que la vida tiene un sentido o que simplemente hemos sido arrojados a nuestra suerte en la tierra. Yo creo en ese sentido y que lo que nos sucede es la única posible consecuencia de nuestra historia, como parte necesaria para nuestro devenir espiritual.

Ahora la gran tarea es llevar todo esto a mi vida cotidiana e ir destruyendo esa estructura que he llamado "realidad" para ir desbloqueando mi propio poder. Dar se vuelve una premisa, el arte es mi herramienta, y no debo preocuparse más por el futuro. Pero hay una parte en mí que me sigue desbordando y donde me descubro aún bastante superficial: mi relación con los hombres y con mi deseo sexual. Ese es un proceso mucho más largo. Me voy de Barcelona más fuerte que nunca, totalmente agradecido con esta amiga maestra, sintiendo la importancia en mi vida de este encuentro, porque así tenía que suceder.





martes, 28 de enero de 2014

Mensajero y la primera RISIS


[Noviembre - Diciembre 2012]

Como otra parte de mi intento por vivir del arte ideo una acción para pagarme el transporte, así cuando uso el metro a diario llevo mensajes en una caja linterna y se los ofrezco a los pasajeros a cambio de la moneda que quieran darme. Son mensajes, en su mayoría verbos en imperativo, que sugieren modos de actuar. Las personas sacan su propio mensaje y hablamos de las posibles interpretaciones. 

Así, a diario, debo interrumpir el silencio del vagón y contarle a la gente que estoy haciendo una investigación sobre intentar vivir del arte y proponerles ese intercambio. No me resulta fácil hacerlo, se convierte en un reto constante, y a la vez me divierte proponerle a la gente cambiar dinero por un papel a modo de oráculo ambulante. Al comienzo lo hago como una acción más anecdótica sin creer que llegará a funcionar, pero cuando me bajo del vagón con dinero en la mano me doy cuenta que si me lo propusiera podría vivir de ello.  

A la vez me pongo en marcha para hacer la segunda edición de 101 soluciones para salir de la crisis y preparo una presentación en Madrid en Embajadores con Provisiones, un centro cultural en Lavapiés. La llamo RISIS e invito a varias personas a que presenten su propia solución en una tarde de farsa y acción. Participan Selina Blasco, María Niki Niraki, Hanne Bleichert, George Hutton, Gloria Durán, Carmen Pérez-Luco, Olalla Gómez, Elisa Fuenzalida, Manu Ezzgraber, Alejandro Simón, Lucía Pérez y Jordan Morton. Yo también hago un discurso donde le cuento a la gente de mi proyecto para erradicar la crisis, que consiste en remplazar en toda ocasión la palabra crisis por risis, y como ritual de iniciación destruimos junto con Olalla una C gigante de cartón.

Sigo de casa en casa, los libros se siguen vendiendo y recupero gran parte de mi gasto en transporte. El plan ya está en marcha mejor de lo que podía esperar. Me sorprenden las ventas, las monedas, el apoyo de la gente. Pero debo parar, tengo que ir a Colombia a dar unos talleres en Casa Tres Patios en Medellín como pago de la beca con la que me vine a España. El 30 de diciembre tomo un avión camino a Bogotá, a mi antigua casa, a mi antigua ciudad de siempre.


jueves, 12 de diciembre de 2013

Sobre vivir del arte

[Octubre - Noviembre 2012]

Llega octubre que es cambio, aunque no queramos. Ha pasado un año desde que llegué a Madrid, un buen año de constante agitación, durante el que fuimos construyendo entre varixs, una nueva vida. Ahora esto tiene que cambiar. Varios amigos se van, entre ellos tres de GREMIO. Santiago mi compañero de piso debe regresar a Colombia, Rolando se va a México y Julián a Berlín. Se termina una buena época y no nos queda más que celebrar con euforia y tristemente decir adiós.

Otra cosa ha cambiado, el dinero de la beca se me está acabando. Yo había venido a España por un año, pero el primer día de clases el director del Máster nos dijo que nos recomendaba cursar el programa en dos. Y yo, aunque el dinero de la beca me alcanzaba solo para el primero, dejé mi Trabajo Final de Máster (TFM) para el segundo año. Ahora es el momento de afrontar ese deseo por quedarme y la necesidad de conseguir dinero para ello. Mis padres siempre me han apoyado, pero esta vez no podrían mantenerme, es demasiado dinero mensual, así que si quiero quedarme en España tendré que inventarme algo. Nunca he sido bueno para conseguir dinero ni para trabajar para otros, además en un país donde la mitad de los jóvenes están desempleados, con visa de estudiante y siendo latino, las posibilidades son ridículas.

Pero tenía un plan. Hacía un par de meses cuando estaba buscando qué hacer le pregunté a una amiga colombiana que trabaja para un artista, que le recomendaba por si sabía de algún trabajo. Ella me preguntó que qué sabía hacer. Me quedé pensando un rato y le di una respuesta imprecisa. Esto me hizo pensar en qué servicio podía ofrecer como trabajador siendo escritor y artista, lo que me llevó a cuestionarme sobre el lugar y la valoración del arte en esta sociedad capitalista y las opciones de trabajo que tenía. Me di cuenta que no sabía hacer nada tan bien como escribir e idear, y que a la vez tampoco quería dedicarme a cualquier oficio para mantenerme, además gracias a la ayuda de mis padres tenía cierto margen de maniobra para intentar algo más.       

Así, la situación y mi propia necesidad me llevan a proponerme intentar vivir del arte a lo largo del siguiente año, convirtiéndolo en una investigación personal que a la vez sería mi TFM, que titulo "Sobre vivir del arte", y que me dirige Selina Blasco. Quiero dedicarme enteramente a ello, obligándome, empujándome a mí mismo a salir a explorar todas las posibilidades que pueda con el tipo de arte que hago o que puedo llegar a hacer. Pienso en convocatorias, becas, premios, contactar galerías, en fin, todas los caminos ya existentes, y otros nuevos, que sé, tengo que inventar. Así que empiezo a pensar en formas en cambiar mi práctica artística por dinero o por otras de mis necesidades.  

El plan comienza con la escritura y la publicación de un libro para vender, así me invento 101 soluciones para salir de la crisis, un librito sobre la situación actual en España, alrededor del tema del que todos hablamos: la crisis. Jugando con el formato del marketing y con diferentes discursos entre lo absurdo y lo sensato ofrezco 101 soluciones para que la gente salga de "la crisis". El libro es diseñado por Andrés Fresneda y lo hago con ayuda de RAMPA donde puedo imprimir y encolar. Es un trabajo largo y para la primera edición logro sacar 70 libros. Los ofrezco a 4 euros y rápidamente los vendo todos entre amigxs y en un par de ferias editoriales. 
http://alexanderrios.wordpress.com/2013/02/14/101solucionesparasalirdelacrisis/  

Por otra parte el mayor gasto que tengo es el alquiler, 250 euros que no puedo seguir pagando, entonces se me ocurre empezar a vivir de casa en casa ofreciendo un intercambio de una semana de hospedaje por intervenir las casas de las personas que me acogen. Comienzo a proponérselo a mis amigos más cercanos, creyendo que podría hacerlo por tres, cuatro meses, mientras algo sucede y cambia mi situación. Son más mis propias necesidades, que mi deseo, las que hacen que me embarque en esta experiencia que cambiará radicalmente mi estilo de vida. http://proyectonomada.wordpress.com/   

lunes, 9 de diciembre de 2013

GREMIO: Burros y zanahorias.



[Agosto - Septiembre 2012]

Luego de un viaje veraniego por Galicia y Portugal regreso a Madrid en Agosto a trabajar con GREMIO, un colectivo que creamos con 5 amigxs: María Niki Niraki, Rolando Vargas, George Hutton, Santiago Mejía y Julián Santana. Nos hemos ganado una convocatoria para tener un taller en Matadero, un centro cultural del Ayuntamiento, dentro del programa El Ranchito. Llevamos meses trabajando esporádicamente y esta es una oportunidad para concentrarnos en un proyecto para intervenir el espacio público antes que cada unx siga su camino pues en el futuro no estaremos juntos en Madrid. Somos de varios países, con diferentes formaciones y manías. Eso es lo que resulta más interesante, el aprendizaje mutuo, poder ver las otras formas de trabajo, y ser más consciente de nuestros propios métodos y compulsiones. Así, discusión tras discusión, vamos construyendo una flecha gigante de madera sin tener muy claro para qué. La construcción es lenta y llena de errores, pero por fin logramos una estructura firme de 4 metros de largo.


Llega el momento de preguntarnos qué hacer con ella y no logramos ponernos de acuerdo. Entonces María tiene la idea de relacionarla con el cuento del burro y la zanahoria, donde un burro va detrás de una zanahoria que su amo le ha atado en frente para que trabaje, pero que el animal no logra alcanzar. Vamos entonces por las calles de Madrid, con máscaras de burro, cargando la enorme estructura e invitando a las personas a que escriban en un papel cuál es su zanahoria y las depositen en una urna - zanahoria que cuelga de la punta de la flecha. Salimos dos veces por Lavapiés y Atocha. Luego vamos a una manifestación frente al Congreso, y cuando discutimos qué hacer con la flecha, pues podríamos meterla entre los manifestantes señalando el congreso, pensaba yo que sería mejor que se destruyera de una forma honrosa que en un depósito de basura, la policía arremete contra los manifestantes con balas de goma, y nosotros entre la muchedumbre en pánico debemos correr cargando la flecha en el sentido contrario en el que apunta. Por fortuna la flecha sobrevive a mis ideas y a la policía y tiene una buena vida de exposiciones. Los papeles escritos por las personas son sembrados en el jardín de Matadero junto con semillas de zanahoria. Con Gremio luego de la celebración nos vamos disgregando por el mundo, esperando una nueva oportunidad para volver a trabajar juntos. 
  




domingo, 31 de marzo de 2013

El baile ilegal de medio elefante


[Enero – Junio 2012]

jurado
1. Free style
El año comienza con una competencia de baile en una antigua fábrica en Dinamarca. Mi pareja es una fantástica rubia, rasta, tan alta como yo: Marie. En la categoría locomotion hacemos el ridículo porque yo no había entendido que ambos teníamos que hacer lo mismo, pero no importa, viene la categoría salsera donde somos los favoritos, Marie es una experta, pero el jurado le da el premio a una pareja que a duras penas mueve la cadera. Queda una última oportunidad en la categoría free style, nos entregamos al baile con desenfreno hasta que nos coronamos campeones y me llevo de premio unas medias tobilleras de lana con motivos invernales. El 2012 será un buen año, está escrito.


2. ¿Dónde carajos está la nieve?
Esto me preguntaba días antes sobrevolando Copenhague. Adiós a mi sueño de una Navidad nevada. Me recibe una ciudad gris a 3 C. A las 4 de la tarde ya está oscuro. ¿Qué hago aquí?  Mi amiga Marie me invitó a pasar fiestas con ella. Navidad es una cena tranquila en danés. Luego hacemos autostop hasta su casa en Fyn, una isla donde todo es lagos y paz. Maravilloso. Andamos en bici y buscamos comida de lo que tiran en los supermercados. Para año nuevo vamos a Makvaerket un bonito proyecto en una antigua fábrica de cerámica que ahora es un centro cultural. http://makvaerket.wordpress.com/ ¿Ya conté que me gané un concurso de baile? El 1 de Enero me despido agradecido de Marie, en  la carretera, camino a Berlín.

                                                                        
3. La celda decente
En el bus voy charlando plácidamente con una chica danesa. En la noche oscura, en la frontera entre Dinamarca y Alemania revisan mi pasaporte y me piden que baje del bus con todas mis cosas. Les pregunto en inglés que por qué y les repito que estudio en España, pero no tengo cómo comprobarlo. Los de la universidad española me enviaron mi carnet a Colombia. Sí, es ridículo. Los policías actúan como si no me escucharan. Debo tomar mis cosas mientras la chica danesa me mira aterrada. Soy el inmigrante ilegal que ha sido descubierto. Me bajo del bus y olvido mi comida. Me llevan a una celda decente donde me explican que mi visa ha vencido. Es cierto, y no me había dado cuenta. Me dicen que me deportarán a Colombia. Estoy asustado pero a la vez me divierte estar allí. Me pregunto hasta donde podrá llegar esta absurda situación. Cuento mi historia y el policía de mayor rango me coge aprecio. Me pregunta por qué no me enviaron el carnet de la U desde Colombia, le digo que es caro, que costaría como unos 40 euros. Comienzan a inventariar todo lo que llevo en mi maleta, minuciosamente, como en las películas cuando alguien va a la cárcel. Menos mal he dejado en el bus la marihuana que llevaba. Después de un par de horas se comunican con la policía española y soy libre. Por fortuna llevo mi tiquete aéreo de regreso a Madrid, y por ello me dan una semana para abandonar Alemania. Les pregunto si creían que mentía. No me responden. El policía buena gente se interesa en mi vida mientras consulta los trenes para Berlin y me imprime mi itinerario. Con una sonrisa me dice el precio de 3 horas de viaje: 40 euros. Le ordena a los otros que me lleven a  la estación de Rostock que está completamente vacía. Tengo hambre. Son las 3 de la mañana.


4. Berlín
¿Por qué Berlín es tan fascinante? El clima es terrible pero todos parecen estar tan contentos de estar allí. Una ciudad vieja, de espacios inmensos, rincones subterráneos y demasiado movimiento. Algo ha cambiado, dejo de ser el inmigrante sudaca y me convierto en un chico exótico. Hay gays dispuestos por todas partes. Follo en una semana lo que no había follado en Madrid en el último mes, no, en los dos últimos meses. Más que presunción es una pregunta sobre los hombres en Madrid.  


5. BIG MAC
De regreso a Madrid el invierno es soleado. De nuevo clases. Con dos amigos de la U Santiago Mejía y Alejandro Simón nos inventamos un evento en la facultad para animar el Máster: BIG MAC. http://bigmacweek.wordpress.com/ Conocemos artistas, directivos de museos, y comisarios, gracias a Selina una profe increíble que mueve a la ciudad desde la facultad de bellas artes.


6. De repente Luis
Un actor bonito entra en mi vida así, fácilmente. Una puerta a otra parte de Madrid. La recuerdo como una época soleada. Del invierno a la primavera. Tan bonito. Sencillamente diré que ha sido uno de los hombres más importantes de mi vida.
  


7. Familia sobre ruedas
Llega a casa Maria, una chica griega que estudia con nosotros. Somos una familia que disfruta  haciendo fiestas en “El espacio Robles”. Santiago me convence de comprar una bici y comienzo a conocer realmente la ciudad.  


8. Papel +
Con Margarita García, una amiga colombiana creamos Papel +, un encuentro de publicaciones independientes en la Universidad Complutense, un buen comienzo para conocer otros proyectos.   http://papelmas.wordpress.com/


9. Bélgica y el rábano
En Enero con pocas emociones sexuales/sentimentales en Madrid había comprado un tiquete de avión a Bruselas para Semana Santa. Quería visitar a un chico belga con el que había tenido una corta historia en Granada meses atrás y que me había invitado a su casa en Gante. Aunque ahora las cosas han cambiado tanto tengo los pasajes comprados y decido irme a la aventura. Él me recibe amablemente, incluso me ofrece un lugar en su cama, duerme en ropa interior junto a mí, pero guarda la distancia en todo momento. No pasa absolutamente nada entre los dos. Supongo que hay algo que le sucede pero nunca llego a saberlo.  Todo intento de comunicación se convierte en un incómodo silencio. Me siento como un estúpido turista caminando por ciudades belgas que me importan un rábano. Por fortuna Santiago está en Amsterdam y paso un buen fin de semana en una de las ciudades más interesantes que he conocido. Callejuelas, canales, marihuana, turistas enloquecidos, éxtasis y besos.          


9. Luis y los caminos
Luis y yo, luego de muchas noches juntos, del paseo en barca, del viaje a la nieve, de parques, de cañas y besos, sabemos que pasamos por dos momentos diferentes y que lo mejor es que cada uno siga su camino. A pesar de los años no dejo de ser torpe.  


10. Mi propia úlcera
En Colombia, poco antes de irme a Madrid me descubrieron una bacteria en el estómago, me la erradicaron pero aún así sigo teníendo un dolor en la boca del estómago, como un vacío. Voy en bici a verme con Luis, voy tarde y acelerado. Me empieza el dolor de nuevo. Me pregunto entonces si yo me lo estoy causando con mi ansiedad constante, mi acelere. Sí, yo mismo me lo estoy haciendo. Es más fácil creer que las enfermedades vienen de afuera y que tienes una bacteria en el estómago porque te la heredó tu papá. Es ridículo ver cómo he estado preocupándome por pequeñeces, porque todo podría ser mejor, porque siempre puedes ir más rápido. Empiezo a comer papa cruda en ayunas y me obligo a detenerme e ir a otro ritmo, sin tantos nervios ni ansiedad. A los pocos días deja de dolerme el estómago, así, sencillamente, sin que eso quiera decir que me he convertido en alguien tranquilo, aunque aparente serlo, es un largo proceso, pero está bien comenzar por no hacerme daño.


11. También sucedieron cosas que no quiero contar. 
¿Por qué? Tal vez cambiarían para siempre la imagen que tienen de mi. Bueno, tal vez no, pero hay cosas que creo, preferirían no saber. Y entonces ¿para qué contar que hay cosas que no se quieren contar?   

  
12. Elefante somos todos.
El Rey de España tiene que ser hospitalizado porque se rompió la cadera. Así el país se entera que su Rey se ha ido a Botsuana a cazar elefantes. A George, un amigo inglés, se le ocurre que nos disfracemos de elefante y representemos la cacería. Ese mismo fin de semana junto con Julián Santana, utilizando una espuma que encontramos en la calle y una sábana, hacemos un elefante de cuatro patas humanas. Vamos a la Plaza de Sol y al Palacio Real y nos desplomamos frente a la gente. Es muy divertido ir por ahí provocando movimiento a nuestro alrededor. Un mes después en el primer aniversario del 15M vamos con George a la manifestación vestidos de elefante. Ya no se trata de un caso aislado de cacería, es una metáfora de lo que está pasando en el mundo, una cacería al pueblo. Es genial sentir cómo animamos a la gente. En Sol nos acercamos a una periodista y nos entrevista en vivo para todo el país. Yo hablo mientras George me incita a saltar. Entre los nervios digo un par de frases trilladas. Al otro día un comediante se burla de nosotros frente a 2 millones de televidentes. La gente opina en Twitter sobre el extraño elefante de acento latinoamericano, unos nos odian, otros nos aman. Yo me siento a mitad de un gran proyecto pero George dice que no quiere seguir con el elefante. Discutimos, pero el elefante deben ser dos personas. Sospecho de alguna artimaña por parte de la familia real para que mi amigo inglés tome esa decisión. Pasa el tiempo y muy a mi pesar la historia del elefante se olvida poco a poco. 
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jueves, 1 de marzo de 2012

Madrid: la nueva ciudad de siempre


[Octubre - Diciembre 2011]  Llegué a Madrid un sábado en la tarde. No hubo requisas en el aeropuerto. El consulado español ni siquiera tuvo la gentileza de darme unos cuantos días para instalarme antes de comenzar el máster, así que ya el lunes tuve que ir a la Facultad a clases y a la vez comenzar a buscar dónde vivir. Todo era nuevo y resultaba emocionante. Empecé a conocer la ciudad yendo a exposiciones y buscando cuarto. Habitaciones tristes de 300 euros. Finalmente alquilé, extrañamente fácil, un piso por 600e con tres habitaciones, en Puente de Vallecas un lugar no tan central, no tan lejano. Me mudé con otro colombiano, Santiago Mejía,  que vino a hacer el mismo máster, y empezamos a buscar una compañera de piso hasta que apreció Yun, una chica china.  La ciudad era gigante con mucho movimiento y yo sólo podía intuirla, conociéndola por rincones, por instantes.  Era otoño y el clima era perfecto, cielo despejado y luz hasta las 8 de la noche. Lo malo es que todo me parecía muy caro. Mi mente seguía funcionando en pesos colombianos y multiplicaba todos los precios por 2.600. Bueno, en el supermercado estaba aguantable, y comer en la calle resultaba muy caro pero a la vez inevitable.
La ciudad empezó a revelarse ante mí, a mostrarse día tras día, en cada calle desconocida, cada bar, parque, espacios y espacios nuevos, poco a poco. Pronto aparecieron los centros culturales, los museos y algunas galerías. Había mucho por ver y yo revisando a cada rato el mapa del metro y perdido en una esquina preguntando por alguna calle. Así también apareció La Tabacalera, un centro social cultural autogestionado, en el espacio de una vieja fábrica de tabaco cedida por el Ministerio de Cultura, inmensa, única en su especie. El sueño de todo gestor cultural. 
Antes de venir a España creía que llegaría a un país racista y en crisis, pero lo que  encontré fue gente muy abierta, con mucha iniciativa, con ganas de generar cosas. Iba por ahí conociendo gente en todo lugar, hablando con desconocidos en la calle, comprendiendo la ciudad a través de cada conversación. En poco tiempo ya estaba vinculado a varios proyectos. La crisis era una palabra que se repetía en las calles y en los medios pero yo no la veía. Los bares y los restaurantes estaban abarrotados de gente, los precios altos, la gente cumpliendo con su rutina tranquilamente. Viniendo de un país como Colombia donde la crisis es constante y por eso no se nombra, esto no era una crisis. También veía poco de ese movimiento social gigantesco y casi mítico, el 15M. El país estaba calmado, otros más bien resignados, aceptando unas nuevas elecciones, que todos sabían, ganaría la derecha. Hablando con la gente entonces sí me contaban historias de desempleo y de cómo el pasado fue mejor, sobre recortes y sobre el dinero público que ya no había. También encontraba tragedias individuales de personas acostumbradas a la buena vida y que de repente se quedaban sin trabajo con hipotecas por pagar.
Ya me habían dicho que las maestrías en España no eran muy buenas, pero igual yo venía con muchas expectativas, además que por fin iba a estudiar artes, pero resultó que el máster me decepcionó al comienzo, especialmente cuando nos dijeron que los no tendríamos un espacio de trabajo. Algunas clases resultaban bastante aburridas para ser de una facultad de artes. Pocas eran realmente interesantes. Después de varias semanas me daba cuenta que no estaba aprendiendo tanto. Creativamente me sentía estancado.  Nos proponían trabajos prácticos que debíamos realizar por nuestra cuenta pero que lejos de interesarme se quedaban olvidados tras tantas cosas por hacer en la ciudad. Por otra parte me encontré con una facultad donde había bastante por hacer. Talleres, charlas, grupos, me metí a teatro y a cuanto evento aparecía, empecé a asistir a clase de fotografía y de escultura en pequeño formato del curso de grado, que resultaban mucho más reveladoras. El máster había sido la excusa para venir a España pero era poco para lo que estaba encontrando en la Facultad y sobre todo en la ciudad.

Nunca había estado en una ciudad donde caminara por la calle viendo tantos chicos guapos. Además todos parecían gays. Chicos de barba, ojos grandes, altos, y aunque no me sentía muy observado por ellos ya esperaba que algo sucediera. Fui encontrando una onda queer alternativa muy atrayente, espacios, grupos, fiestas, alejados de ese estereotipo del gay tradicional que nunca me ha gustado. Pasaron los días y poco sucedía. Sentía que los chicos no buscaban abiertamente sino que esperaban a que la vida nos uniera, así, casualmente. Conocí un par de chicos en algunas fiestas, historias que pensé que durarían más pero que se quedaron allí entre palabras mal dichas. Los sentía complicados y de repente yo queriendo más de la cuenta. Me hice un perfil en la página de contacto gay más popular de España y comencé a navegar hacia la promesa de encuentros con esos chicos guapos que veía por la calle. Citas que terminaban es sus apartamentos, otras citas fallidas, hombres que fueron pasando y que no fueron más que anécdotas, unas más excitantes que otras.  
También comenzó el invierno y la ciudad se puso fría, no dramáticamente, pero ese frío que cansa por su persistencia, cuando sales de algún lugar y ya las manos duelen y los pies se congelan aunque uses dos pares de calcetines. Así, bien abrigado salía por esa nueva ciudad a la que había venido a vivir. Estaba muy contento de cambiar mi vida, de comenzar de nuevo en un lugar donde era un desconocido, estaba contento de ser extranjero, de descubrir un nuevo continente, de aprender, de vivir como si estuviera de viaje.  Madrid, la nueva ciudad de siempre. 

+ fotos de madrid: 

lunes, 19 de diciembre de 2011

la partida


[Agosto - Septiembre 2011]  Con la visa en mis manos mis planes imaginarios se convertían en algo real. Ahora los dos meses que restaban en Bogotá eran para ir empacando mi vida. Le había contado a muy pocas personas que me iba para España porque no quería que me pasara lo mismo que con Brasil que al final no salió, tal vez esperando una certeza mayor, pero esa certeza era la visa. Además siempre hay algo en mí que considera las posibilidades trágicas, como esos casos donde muy cerca de la felicidad algo pasa y de repente todo se viene abajo. Es ridículo pensar así pero me es inevitable. Más bien trataba de hacer todo lo que tenía que hacer para irme, dejar pasar el tiempo tratando de no estar tan ansioso hasta que llegara ese momento de estar sentado en el avión listo a despegar. 

En esos días empecé a sentir un leve dolor en la boca del estómago que fue creciendo y creciendo. Estaba seguro que la culpa era de unos antibióticos que había tenido que tomar semanas antes para una infección del oído que me había dado desde que me lancé a un pozo en mi viaje por la costa, tratando de vencer el miedo que siempre me ha dado lanzarme desde lo alto al agua. El hecho es que creí que era una señal para renunciar a la medicina tradicional y curarme de modos alternativos. Fui a tomar Yagé y me mejoré por unos días pero el dolor volvió. Empezaba a preocuparme pues nunca antes me había dado algo así. Una extraña sensación en la boca del estómago, como un vacío, como hambre, como una ansiedad que se convertía en dolor.

Una noche en casa, un viernes sin plan, revisé los resultados de la beca Jóvenes Talentos del ICETEX y estaba justo ahí en la lista de los ganadores. Era demasiado increíble. Me había ganado mucho dinero, para irme a estudiar a España. Entre mi dolor de estómago y la euforia  gritaba solo en mi apartamento, fumado, emocionado. Se me había arreglado la vida de un momento a otro, adiós preocupaciones económicas por un tiempo, dejaba de ser un inmigrante necesitado y obligadamente guerrero para poder irme más tranquila y cómodamente. Era un premio a mi persistencia en el arte, a la terquedad y a la autogestión. La única condición era tener que regresar al país al terminar el Máster a hacer unos talleres de dos meses en Casa Tres Patios en Medellín que era la institución que me había respaldado. Genial.

Ese premio lo cambió todo. A los primeros que les conté fue a mis padres. Dejé de ser un vago mantenido y sin futuro a un artista joven talento con dinero. Las tablas, las latas y los muñecos de plástico que estaban por la casa de repente dejaban de ser simple basura para convertirse en obras de arte. Todo cambia cuando eres reconocido públicamente. Te da mucha confianza en tu trabajo y cierta autoridad frente a los demás. Me convertía en un artista certificado por una institución del gobierno. Fuimos con mi mamá a la premiación hecha por el ICETEX, y fue realmente emotivo, además que, aunque mis padres me han apoyado todo este tiempo, nunca han entendido muy bien lo que hago. Pude darle a mi mamá la oportunidad de que se sintiera orgullosa de mi, algo difícil de lograr. Le cambié esta ceremonia por mi grado de bachiller de un colegio falso y el no haber alcanzado a llegar a mi propia graduación en la universidad. Luego fuimos con unos amigos a tomar unas cervezas, y allí estaba mi mamá, entre nosotros, participando como nunca antes de mi vida. 

En esos días me escogieron para dar una charla en el programa Artista en Diálogo organizado por Pâramus. Fue muy especial porque precisamente se trataba de contar mi historia como artista, de cómo comencé haciendo ensamblajes en casa con objetos cotidianos, sobre las exposiciones que organizaba y a las que iban 20 personas, y cómo poco a poco todo fue creciendo, el desarrollo de mi trabajo y las exposiciones en varias partes del mundo, hasta terminar en un final feliz que era haberme ganado la beca y estar a punto de irme a España. Todo justo en ese momento.  http://www.eparamus.org/sitio/programa-de-artistas-en-dialogo.html

Al mismo tiempo estaba abierta la convocatoria de arte joven en El nogal, y leyendo los requisitos decía que sólo podrían participar estudiantes o egresados de artes o afines. Indignado escribí a las organizadoras. No era la primera vez que veía algo así en una convocatoria, es que ¿Acaso los estudiantes de artes son los únicos artistas?  Aunque me dijeron que podía participar estaba tan indignado y me parecía tan ridícula su regla que pensé en que era una buena oportunidad para generar algo de polémica al respecto. Lo que hice fue dibujar fielmente mi diploma de graduación, cambiarle Profesional de Estudios Literarios por Maestro en Artes Plásticas y presentarlo como obra al Salón del Nogal y escribir un artículo sobre todo el asunto en Esferapública. http://esferapublica.org/nfblog/?p=19087 Mucha gente leyó el artículo, algunos me criticaron, otros me apoyaron, El Nogal nunca se pronunció, y finalmente no aceptaron la obra, como  era de esperarse, pero fue mucho mejor exponer en esfera pública que en el Nogal.  Realmente fue divertido.

Mientras tanto tuve que hacerme una endoscopia para ver qué diablos tenía en el estómago: una úlcera y una bacteria llamada E. Pylori. La doctora me explicaba que el 80% de las personas la tienen pero al 20% nos reacciona de una forma negativa y que probablemente podía ser un problema hereditario. Nuevamente un tratamiento con medicamentos químicos para sacar ese bicho de mí. La piedra en el zapato de un momento casi perfecto. Pero por lo menos ya sabía qué me estaba sucediendo.

Como estaba viviendo solo en el apartamento, al irme, no se sabía qué pasaría con él, si mis papás lo venderían o lo arrendarían, por lo que tuve guardar en dos cajas todos los tesoros que no podía llevar conmigo y regalar el resto a mis amigos. Fue bueno, aunque no tan fácil, desprenderme de tantos objetos. Se cerraba ese lugar donde había vivido por tanto tiempo y algo en mi se alegraba por ello, por perder esa quieta comodidad. Ahora iba a comenzar una vida más nómada, más inestable y a la vez más emocionane. 

Así fui despidiéndome de todo y de todos. Decirle adiós a mis amigos, que siempre es lo más difícil. Lo más emotivo, alegre y triste. Abrazar y desear lo mejor. El momento de decir esas palabras que nunca dices. Despedirse de la familia y saber que también cuentas con ellos. Despedirse de toda una vida, de tus espacios, hábitos, de tus costumbres. Me despedí de mis papás en el aeropuerto, sentimental, gracias, gracias por su ayuda, los quiero un montón, y  entre nervioso, melancólico y emocionado entré a la zona de emigración. Cuando estaba haciendo la fila donde sellan el pasaporte de salida me di cuenta que los documentos que tenía que llevar para la universidad y para todo el asunto de inmigración, no los tenía. Los había dejado en la máquina donde le ponen el plástico a las maletas. Corrí sin querer pensar en que lo que podría suceder si no encontraba la carpeta pero por fortuna un chico los había guardado. Al borde de una tragedia burocrática me subí  al avión. Hablé bastante tiempo con Guillermo mi ex novio a quien también quería agradecerle por lo que habíamos vivimos juntos. El avión comenzó a despegar y yo sin entender realmente lo que estaba sucediendo, lo que ese momento significaba para mí. La vida se me partía en dos.              

miércoles, 23 de noviembre de 2011

el consulado español

                          

[Julio - Agosto 2011] En el internet del pueblo de Palomino en la Guajira, vi que no me había ganado la convocatoria de Bogotá tiene Talento y que tampoco mi solicitud había sido aceptada para Colfuturo. De 2000 egresados aceptaron 1000 y yo no estaba entre ellos. Hay tantos mejores que yo, pensé en ese momento. El viaje se terminaba. Necesitaba dinero para irme a España y el último recurso era pedir un préstamo al ICETEX, algo incómodo, una carga, pero mi padre me apoyaba. Tuve que empezar el proceso desde Santa Marta, acampé en Taganga con los artesanos y en el día me fui a hacer los papeleos y a hacer fila en el banco en pantaloneta. Pasé dos días en Minga, un paraíso de sierra y me regresé a Bogotá. Aprobaron el crédito y me dediqué entonces a conseguir los papeles para pedir la visa. Uno de las torturas por ser colombiano. Demostrar que eres una persona decente con dinero suficiente para que te dejen entrar en otro país. Afortunadamente mi papá es lo suficientemente decente para que me dejen entrar a otros países, lo certifica el banco, porque si fuera por mí simplemente no podría pedir una visa. Ya me había enterado de que pedir visa en el consulado de España era toda una hazaña, pero preferí pensar que la gente exageraba. Busque artículos al respecto y leí que la gente tenía que pasar la noche, acampar frente a la embajada, para poder pedir un turno al día siguiente. Sólo daban 200 y ya. ¿Cómo es posible que un consulado haga eso? Y claro, los colombianos no nos quedábamos atrás y ya había toda una mafia de venta de turnos que lo dificultaba todo aún más. El cónsul como si no le importara el asunto no respondía a los medios.  Fui al consulado y hablé con el portero quien me dijo que si quería un turno tenía que llegar a las 10 de la noche del día anterior. Me preguntaba cómo acampar frente al consulado y al otro día parecer una persona decente. Una amiga danesa me prestó su equipo de camping que se enrollaba todo en una maleta y me fui fumado a luchar por un turno. Cuando llegué no había nadie haciendo la fila sólo unos policías y una gente acampando en una esquina. Desde ese día la fila en camping estaba prohibida. Ese justo día el sistema había cambiado y nadie sabía qué iba a pasar. Me puse a hablar con la gente y había una chica que esa era la cuarta vez que iba a intentar conseguir un turno. Pensé que ese era el comienzo de un largo proceso, como una novela de Kafka, donde K intenta salir de Colombia.

Fue una experiencia muy interesante, entrar a ese mundo subterráneo, absurdo, de tramitadores e inmigrantes ilegales. Hubiera sido más divertido aún si mi futuro no estuviera tan comprometido en esa absurdidad. El portero me revisó los papeles y me dio un turno para que volviera a las 5 de la mañana, estuve tentado a quedarme más pero me fui a casa y regresé a esa hora. El trato era despectivo. Éramos muchos los que queríamos una visa. Preguntarse en ese momento por qué aguantábamos todo eso no ayudaba para nada. Nos pidieron que apagáramos los celulares, una persona luego recibió una llamada y un vigilante colombiano lo sacó de la fila y le quitó el turno, gritándole que si no hacía caso en Colombia mucho menos lo haría en España. Indignante. Ansioso y nervioso esperé mi turno. Una mujer me recibió, empezó a ver mis papeles y me dijo que la carta de la universidad no era suficientemente específica que volviera cuando la consiguiera, siguiente! Me quedé ahí parado, sin comprender, y al final tuve que irme a casa derrotado.  

Me enviaron la carta de la Universidad con las correcciones y regresé al consulado. Esta vez no tuve que trasnochar, sólo llegar a las 5 de la mañana y ahí si me recibieron los papeles. Me quité esa gran carga de encima, había hecho todo lo que dependía de mí y ahora sólo quedaba esperar. Dos semanas después timbraron al apartamento y un hombre en moto me entregó mi pasaporte con la visa española.

lunes, 31 de octubre de 2011

Movimiento: mientras en la ciudad llovía



[Marzo – Julio 2011] Durante la mala racha en Bogotá a comienzos de este año, la verdad no quería escribir en este blog. ¿Qué iría a contar? ¿Mis fracasos y mis miedos? ¿Exponerlos ante los demás contando que las cosas no estaban resultando? El escribir un blog sobre mi vida personal ha sido un trabajo que me ha cuestionado bastante sobre la imagen que pretendo tener frente a los demás, lo que digo y lo que callo, lo sincero y lo farsante. Ya luego cuando las cosas fueron mejorando y ya había algo digno por contar, entonces ahí sí regresé a él. Con el tiempo me fui atrasando en los acontecimientos y así fue como llegué ahora en Octubre a escribir sobre lo que me estaba pasando en Marzo. Esta distancia se ha tornado interesante ya que me ha permitido hablar de mí mismo sin estar involucrado íntimamente con eso que narro, es el pasado y ya no soy yo, es el que fui. Así es más fácil hablar de una crisis o del fracaso, porque puedes verlo desde arriba comprendiendo de algún modo lo que pasó, entendiendo cómo se fue avanzando por ese camino hasta el presente.

Así entonces, una mañana de Marzo, empiyamado, con el corazón en la mano, revisé mi aplicación para la Universidad en Madrid. La verdad no tenía tantas esperanzas. Las posibilidades parecían pocas, pero ahí decía simplemente: admitido. ¡Sí! De repente tenía futuro. Tenía un lugar a dónde ir. Un nuevo destino. La posibilidad de estudiar una maestría práctica en artes, lo que siempre había deseado, además en un país donde hablan español, lo que me permitiría mostrar mi trabajo como escritor y no sólo como artista visual.  Mi papá en vez de alegrarse se asustó un poco. Eso allá está bien complicado, me dijo. Yo le repetía que yo haría lo imposible por no gastar tanto y por conseguir un trabajo, sin tener idea cuál era la situación en España. Siempre he sido muy recursivo viajando, además siendo aceptado a una universidad en el exterior ya podía presentarme a varias becas y ayudas. Este era el primero y el más importante de los pasos de un largo proceso para irme a estudiar a otro país. No le contaría a nadie hasta que fuera una realidad. El máster comenzaba en Octubre así que me quedaban unos meses en Bogotá, ya no de encierro sino de tránsito. Empecé a informarme sobre la situación de España y sí, la cosa se veía muy complicada. La gente hacía protestas en las plazas. El 40% de los jóvenes no tenían trabajo. ¿Pero qué podía hacer? Era ridículo renunciar sin intentarlo. Me presenté a dos becas (La del Banco de la República, aunque sabía que no me la ganaría y a la del ICETEX, Artistas Jóvenes Talentos). También a Colfuturo. Estaba apuntando en todas las direcciones posibles.
Por otra parte Bogotá iba despertando poco a poco. Un día me encontré con el artista Antonio Caro, que me invitó a hacer parte de un evento que quería hacer en La peluquería alrededor del uso de la fotocopia. Nos citamos dos veces y no apareció. Así fue como se me ocurrió que entonces podíamos hacer una feria de publicaciones independientes. La idea fue creciendo y junto con Melisa, quien dirige La peluquería, creamos La Publicatoria. Una muestra de publicaciones independientes que incluía feria y conversatorios. Un evento necesario para la ciudad que podía llegar a crecer enormemente (link). Abril fue un mes de empezar más proyectos. Me presenté a Bogotá tiene talento para hacer una expo alrededor de la idea de un posible terremoto en Bogotá, en La agencia. Fuimos seleccionados junto con Guillermo, para exponer en el Parqueadero en una exposición organizada por Páramus llamada Zietgeist 2210 sobre el posible devenir de este territorio, hoy Colombia, en 200 años. Recuerdo que entre el terremoto de Bogotá y el futuro apocalíptico que pensaba trabajar para Zeitgeist pasé por días sombríos y algo angustiosos. También me metí a hacer un taller de gráfica con Taller 18, un grupo de artistas de la Javeriana, en Mapa Teatro. Así nació otro proyecto: perrosinverguenza, una editorial de bajo presupuesto para publicar nuevos autores, nuestro primer libro: Perico, una antología de cuento corto colombiano. En Bogotá no dejaba de llover y todos los días parecían el comienzo del fin. La ciudad estaba imposible, gris y apocalíptica, pero por lo menos ya había encontrado qué hacer.         

Todo reventó en Mayo. El 10 Se inauguró Zeitgeist 2210 en el Parqueadero. Lo interesante de esta exposición era que las obras se iban haciendo a medida de que iba avanzando la exposición. Nosotros hicimos una línea de tiempo donde junto con los visitantes íbamos escribiendo o dibujando qué podría pasar en Colombia en el futuro. (http://alexanderrios.wordpress.com/2011/09/18/zeitgeist-2210/) El 12 inauguramos La publicatoria con 100 publicaciones expuestas (http://alexanderrios.wordpress.com/2011/07/31/publicatoria-2011/)  Al mismo tiempo expuse en la feria del libro en el Pabellón de libro de artista del taller Arte Dos Gráfico, un libro único que fue vendido a la Universidad de Brown en Estados Unidos (http://alexanderrios.wordpress.com/2011/06/13/11/) La feria de La Publicatoria fue el sábado 14 y realmente la logramos. (http://alexanderrios.wordpress.com/2011/07/31/feria-publicatoria-2011/) Así fui conociendo algunos proyectos muy interesantes como La revista Matera, varios fanzines de Chirrete, Die Young de Cali y un montón de publicaciones independientes. Después entonces nos inventamos con los de Taller 18 otra muestra de publicaciones para lanzar Perico en mapa Teatro (http://alexanderrios.wordpress.com/2011/09/23/perico/) Era muy interesante poder reunir a la gente alrededor de los impresos y darle más vida a estos proyectos que les falta todavía bastante difusión en Bogotá. Bien, en verdad que estaban sucediendo cosas en mi ciudad.

Mientras tanto la relación con mi novio se fue desgastando, cada uno estaba más pendiente de sus cosas y la ciudad se reducía a los mismos lugares comunes. Exponer juntos en vez de acercarnos nos alejó. Cada uno con sus afanes y sus intereses propios. Lo intentamos varias veces pero tuvimos que ser sinceros y aceptar que no estaba funcionando más.

Se empezaba a cerrar un ciclo en la ciudad. Hacía tiempo estaba buscando el momento para salir de Bogotá. Me fui volando hacia Santa marta y La Guajira, al frente del mar, a escribir, a leer, a mirar la línea de horizonte. Estuve casi un mes acampando en lugares soñados, ríos, cascadas, montañas y playas. Me iba satisfecho de Bogotá sintiendo que había hecho algo valioso en ese tiempo y sabiendo que el viaje era un tiempo de descanso antes de los trámites que quedaban pendientes en la ciudad.  
   

sábado, 24 de septiembre de 2011

crisis

[Enero - Febrero 2011] Fue una época muy dura. Me sentía encerrado en Bogotá sin ningún futuro. Quería irme a donde fuera pero no en un viaje aventurero para tener que regresar en unos meses sin nada. Lo único que tenía en Bogotá era Guillermo, lo único que me alentaba. Era como un refugio donde poder estar lejos de tanta inseguridad en mi vida. Por la ciudad me encontraba con personas que me preguntaban que cuándo me iba para el Brasil, cuando les decía que ya no me iba parecía como si los hubiera defraudado. No era fácil. Necesitaba un nuevo norte, comenzar de cero los tantos trámites para poderme ir del país. ¿A dónde? Pensé que lo que debía hacer era ir a Londres a intentarlo todo, ya había estado allá y sabía que podía contar con la ayuda de varios amigos. El plan era irme a estudiar inglés para tener la visa e intentarlo todo con el arte. Por fortuna siempre he contado con el apoyo económico de mi padre. Lo que necesitaba era demostrar veinte millones en una cuenta por tres meses, y justo en esos días a mi padre se le vencía un CDT. El curso costaba dos millones por seis meses que no es tan caro para ser Londres y estando allá podría trabajar, o vivir con unos ocupas, y no gastar tanto. Iría a probar suerte.

Así mismo mientras adelantaba ese trámite me presenté a cuanta residencia para artistas encontraba. Una en Korea, otra en Argentina y otra en Holanda. También hice una lista de universidades dónde presentarme para estudiar en el 2012. Encontré una maestría en la Universidad Complutense de Madrid, pero quedaban pocos días para el primer cierre de inscripciones. ¿España? ¿Por qué no? El máster costaba casi 5 millones, por un año, más barato de lo que cuesta un semestre en una universidad colombiana. Corrí, mandé los papeles, y hasta el último día de plazo pude inscribirme. Me alegraba tener esa nueva esperanza aunque en el blog del Máster decía que el año pasado se habían presentado más de trescientas personas, que pasaban 70, y que preferiblemente se escogían a estudiantes graduados en artes. No quedaba más que intentarlo.    
            
Por otra parte mi trabajo artístico estaba estancado. No tenía ganas de crear. Tampoco tenía ganas de exponer. No valía la pena, además en Febrero la ciudad estaba todavía muy quieta. A lo único que me pude aferrar fue a mi novela. Escribía todas las mañanas y eso me daba cierta tranquilidad, una sensación de futuro que tanto necesitaba en ese momento.

Me llamaron de Korea y no entendí muy bien lo que me decían, algo del formulario y de fechas. Respondí en mi inglés defectuoso, pero no volvieron a llamar. Para la residencia en Argentina los mismos artistas participantes teníamos que votar entre nosotros. Aparte de no salir seleccionado aparecí en un puesto mediocre. Todo esto me hacía cuestionarme sobre mi trabajo artístico. Creía que ya había adelantado un camino importante en las artes visuales pero entonces varias cosas me decían que no, que me faltaba mucho todavía. Me sentí perdido, desilusionado. Realmente fue una época dura.    

martes, 30 de agosto de 2011

nuevo año, nuevo norte

(Diciembre 2010) Dos días después de navidad salieron los resultados de la beca PEC-PG para estudiar en Brasil. Revisé mil veces y mi nombre no aparecía. Maldición, no podía creerlo. En verdad pensé que me la iban a dar. Todo tenía tanto sentido, haberme quedado en Bogotá porque luego me esperaba algo mejor, pero de repente ya no, así tan vulgarmente, revisando una lista de afortunados donde yo no estaba. En medio de la crisis existencial que eso me causó, con tantas ideas sobre mi carrera, la mediocridad, el fracaso, y todo eso, me fui para Barranquilla a pasar fin de año con Guillermo. Me escapé de Bogotá, me despedí de mi hermana y me tomé un bus hacia la costa, escapando de cualquier desastre emocional. Afortunadamente tenía un plan B: Campinas, la oportunidad que había aplazado dos veces, Maestría en Artes Visuales, gratis. Compré un tiquete a Leticia para Enero pues quería atravesar el Amazonas y el nordeste del Brasil para llegar a Campinas. Me aferré con ánimo a mi nuevo norte.

Luego de 18 horas de viaje llegué a Barranquilla a ver a Guille. Me quedé en Puerto Colombia cerca de la playa. Tenía mar y suficiente tiempo para creer que todo saldría bien. La historia con Guille seguía muy intensa, de nuevo viajando cerca de él y conociendo su mundo en esa ciudad. De repente Barranquilla era el centro del fin de año. El 31 fuimos a una fiesta en la playa que intentó arruinar la cantante de Bomba Stereo con un ritmo electro-prepotente, pero que por fortuna los ácidos y el mar salvaron maravillosamente. Tuvimos un amanecer lento e irreal. Guille y su hermana comenzaban a aparecer coloreados sobre un mar azul grisáceo. Yo había dejado la cámara en casa y neurótico me la pasé lamentándolo. ¿Sería un mal año para la fotografía? No sé, lo único cierto es que el nuevo año había llegado y era demasiado brillante.

El dos mil once también comenzaba con cierta incertidumbre. Las cosas iban muy bien con Guille y era difícil imaginarnos lejos de repente. ¿Y si nos vamos de viaje por Suramérica unos meses? Cada uno de debería aplazar su universidad y juntos entregarnos al presente aventurero en el nordeste del Brasil. Lo pensé mucho, estuve de un lado y del otro y hasta llegué a pensar que debíamos irnos de viaje. Al final tomamos el camino más seguro, el “correcto” yendo cada uno hacia su universidad y hacia un futuro más arreglado. Luego de un fin de semana en Palomino, regresamos a Bogotá juntos a vivir nuestras últimas semanas en la ciudad.

miércoles, 15 de junio de 2011

mi hermana la trapecista


(Diciembre 2010) Mi hermana había llegado a Bogotá después de estar siete meses trabajando en un crucero en Australia. Siempre me ha gustado contar su historia. Estudió ingeniería electrónica en la Javeriana y cuando estaba terminando nos fuimos de viaje y conocimos a una gente que hacía circo. Ella se hizo amiga de ellos y empezó a aprender algunas técnicas básicas. Así empezó a apasionarse cada vez más por el circo. Fueron tiempos difíciles, de mucha duda y muchas presiones, pero poco a poco se fue alejando de la carrera. Finalmente se graduó en un último esfuerzo y se fue a Cali a estudiar en Circo para todos, sin hacerle caso a lo que todos le decían, que el circo no da dinero, que cómo iba a dañar así su futuro. Se convirtió en trapecista y con su compañero de circo Oscar Rojas se inventaron un trapecio – bicicleta increíble, le salieron algunas giras por Europa y luego le salió un trabajo en ese crucero en Australia donde ganaba más que un ingeniero. Es difícil describir lo que siento cuando la veo allá arriba soltándose y agarrándose de cualquier extremidad.

Andrea llegaba a Bogotá como la heroína de la familia para estar con nosotros unos días antes de irse para Italia. Llegué a Bogotá ansioso por verla pues siempre hemos sido muy cercanos. Nos fuimos a Paipa a pasar una Navidad calmada con mis padres. Era inevitable no compararme con mi hermana. Algunos familiares nos invitaban a almorzar y todo giraba alrededor de ella, me hacían a un lado y se ponían a hablar sobre las costumbres de los italianos. ¿Qué tanto estaba haciendo yo? ¿y mis viajes? Bueno igual me iba para el Brasil y todavía seguía esperando la respuesta de la beca para ver si me iba a Rio de Janeiro.

Acá un video:

martes, 14 de junio de 2011

oasis: alucinante, alucinado

(Diciembre 2010) De pronto, apareció un chico que me invitó a bailar a su casa. Guillermo: bonito, 18 años, costeño, apasionado por las plantas de poder, es todo lo que diré. Puedo escribir sobre mi vida privada pero no sobre la de los demás. Yo seguí con mis planes de viaje y de repente estábamos viajando juntos hacia el desierto de la Tatacoa, caminado bajo un sol inclemente, y después flotando en una piscina alucinante, alucinada, en la mitad de la roca y la arena.

Luego fuimos a San agustín a visitar a un amigo que estaba viviendo en una vereda con su mujer y sus dos hijos. Así que con ellos y con Solene, una amiga francesa, nos la pasamos en plan rural canábico, caminando por el campo, con algunas visitas arqueológicas, también canábicas, buscando hongos mágicos y tomando Yajé en las montañas.

Descalzos, sin bañar y librando una dura batalla contra los piojos, se nos pasaban los días cocinando y comiendo, leyendo, viendo películas… También nos entregamos a la exploración de la repostería, canábica para variar, con algunos excesos en los ingredientes, no todos tan afortunados.

Así, mientras estaba acostado en una hamaca comiendo guayabas y frambuesas recién cogidas me preguntaba ¿Por qué diablos vivo en una ciudad como Bogotá? Empecé a ver con cierto desprecio algunas cosas de mi vida en la ciudad, como estar siempre apresurado, pendiente del correo y de facebook, rodeándome de algunos snobs que se dicen artistas, participando de algún modo en ese mundo donde hay que preocuparse por mejorar la apariencia y la hoja de vida… Me sentía tan bien en ese lugar de tiempo detenido con ese chico a mi lado, conociéndolo día tras día, simplemente viviendo sin mayores pretensiones. Estuvimos en aquel oasis existencial tres semanas antes de tener que regresar a Bogotá porque llegaba mi hermana y se venía la Navidad familiar.











foto: solene mehae

lunes, 13 de junio de 2011

ciudad ingrata


Hace mucho no escribía en este blog. Me quedé en noviembre del año pasado. Creo que dejé de escribir cuando perdí la fe en Bogotá. Cuando poco a poco volvía a ser la de siempre, esa ciudad indiferente y lluviosa. Cuando empecé a quererme ir, otra vez.

En noviembre, después de cuatro meses de exposiciones, de mostrar mi trabajo, después de dar mi tiempo y mi energía a la ciudad la verdad no me había quedado tanto. Estaba algo desilusionado. Después de tanto movimiento y de conocer tanta gente, me sentí solo y aburrido. Personas que consideré amigos al parecer nunca lo fueron. Sentía que no había más para mí en esta ciudad, que Bogotá no me había correspondido. Ciudad ingrata. ¿Qué esperabas Alexander? ¿Vender obras chatarra? ¿Volverte el centro de atención? Bueno por lo menos me había quedado millón y medio de un premio de la Barrio Bienal, lo suficiente para irme de la ciudad y viajar un tiempo.

En junio, cuando llegué de viaje por Europa y Marruecos, tenía la oportunidad de irme al Brasil, a Campinas, a estudiar una maestría en artes en la UNICAMP donde ya me habían aceptado. Lo había aplazado una primera vez para irme de viaje y cuando llegué a Bogotá todo iba resultando tan bien con mi arte, tenía varios lugares para exponer y varios proyectos por hacer, que decidí aplazar un vez más la maestría por unos meses e intentarlo todo en la ciudad. La verdad es que me gustaba la idea de estudiar artes en el Brasil pero no me convencía tanto irme a Campinas. Luego, en octubre me presenté a la UFRJ para estudiar una maestría en artes en Rio de Janeiro, el gran sueño. Me aceptaron pero con la condición de que sólo podría estudiar allí si me ganaba una beca PEC-PG del gobierno brasilero. Apliqué y tenía que esperar los resultados hasta diciembre. Creí que todo tenía sentido y que me había quedado en Bogotá para irme a estudiar a Rio becado y todo.

Así que sólo quedaba esperar, mientras, podría irme de viaje a algún lugar de Colombia huyendo de la ciudad. Primero tenía que cerrar varias cosas en Bogotá para poder irme tranquilo. En esa época fueron apareciendo algunos hombres por internet atraídos por unas fotos sin camiseta. De repente me iba bien en el mundo virtual gay. Entretenimiento básico. Si muestras algo de piel te mostrarán el deseo de tener sexo contigo. Sin compromisos. Pero yo no buscaba tirar y ya, aunque era tentador, yo decía: primero un encuentro, una cerveza y ahí veremos. Es fácil caer en el pozo superficial cuando se disfruta. Aparecieron varios chicos bonitos y a la vez interesantes enredando un poco las cosas.

sábado, 6 de noviembre de 2010

el mismo premio



Las últimas semanas me la he pasado trabajando en un proyecto para la Bienal de Venecia de bogotá sobre los discursos íntimos de las quinceañeras. Fue un trabajo largo, trabajé con sus frases, hice graffitis en las calles, por primera vez, en letra cursiva. El que se enamora pierde. qué niña no quiere? ya lo hice y eso duele. También hice un video que titulé “deseo en venecia”: http://www.youtube.com/watch?v=wJsaQ3wPwrI . Fue un proceso muy interesante para mí como artista, hacer obras en contexto e ir improvisando todo el tiempo. Me sorprendí de lo que hice y hasta en un momento creí no solo que podría ganarme la bienal sino que debería ganármela, igual todos los artistas pensamos eso, pero sentí que lo que había hecho era valioso y que merecía algún reconocimiento. No sucedió de ninguna forma. El día de la premiación una jurado, antes de dar el fallo, describió algunos aciertos de los ganadores y dijo cosas muy relacionadas con mi proyecto, yo pensé “me lo gané” pero leyeron los nombres de otros artistas. Salí como achantado sintiendo que no solo no gané sino que a nadie le había importado lo que había hecho. Me fui caminando a casa y sentí que estos meses en Bogotá, luego de exponer tanto, de mostrar mi trabajo, de hacer la fiesta, y de conocer tanta gente, me quedaba tan poco… que no había logrado ningún reconocimiento, que pocas cosas habían cambiado en la ciudad de siempre, además que mi mala racha con los hombres persistía ridículamente. Esa noche le grité a la vida entre irónico y rabón. Es suficiente de Bogotá, eso lo sé, pero no puedo irme todavía. La ciudad fue diferente, sí, pasaron tantas cosas, pero es como si quisiera retomar su forma de nuevo, creo también que mi actitud de buscar y buscar se fue calmando y acomodando en lo ya conocido. No sé qué pensar sobre la ciudad porque varios procesos que comenzaron quedaron ahí inmóviles, y de repente me vi solo sin sentir que lo que había hecho dio algún fruto más allá de la satisfacción personal por haberlo hecho. Además he sentido cómo la gente se repliega, se aquieta, se aleja. Varias personas que consideraba amigos me han demostrado que no lo eran tanto. Pero ya nada de esto me importa porque sé que dentro de poco me voy para el Brasil a estudiar una maestría en artes. Una vez más siento que Bogotá no es lugar para quedarse, que acá sería muy difícil que la gente llegara a valorar mi trabajo. El saber que me voy me relaja un montón, saber que las cosas cambiarán totalmente, que tendré la oportunidad de comenzar en otro lugar donde el ambiente no sea tan frío. Le echo la culpa a lo que me rodea antes que a desconfiar de mí mismo.

Pero justo al otro día de la premiación fallida de la Bienal de Venecia, recibí un correo de Barrio Bienal, una convocatoria para artistas que no estudiamos artes, donde me dicen que me gané el tercer premio de mi localidad y que me he ganado millón y medio. Lo mismo que me hubiera ganado siendo uno de los ganadores de la Bienal de Venecia. Qué interesante. Me lo gané con una escultura, una montaña de sal con avión estrellado en la cima. Es mágico convertir eso en dinero. Empieza a suceder. eso me pone en otra situación, ahora estoy por encima de cualquier cosa que me suceda en Bogotá. Estos dos meses viviré del arte como siempre lo he deseado. Soy un artista premiado, jaja, mi primer premio y un buen dinero. Estoy de paso por esta ciudad, ya sin esperar nada de ella, disfrutando de mi comodidad y dejando de ansiar lo que no suceda. Soy como el viajero que sabe que su camino sigue, que este es sólo uno de los tantos lugares que vendrán.

domingo, 10 de octubre de 2010

fiesta sorpresa




Luego de hacer la exposición en la peluquería sabía que tenía que hacer otro evento, algo de más voltaje, donde la gente pudiera moverse más. Una fiesta, claro. un happening, así se me ocurrió la idea de la fiesta sorpresa. Crear un lugar donde la gente sorprendiera y se sorprendiera. A las chicas de la peluquería les gustó la idea. 24 de septiembre decidimos. Mateo Rivano sería el dj. La fiesta parecía un buen negocio, si iba mucha gente sería bastante rentable. Intenté asociarme para hacer la fiesta pero al final tuve que producirla yo solo. Sacar volantes, afiches e invitar a mucha gente. Empecé a contactar artistas para que participaran en la fiesta. Quería que fuera como un laboratorio de artistas, donde se pudiera experimentar alrededor de la sorpresa. pasaron los días, pocas ideas y la gente estaba algo dispersa. Muchos no salieron con nada. No sé que pensar de eso, si es que los artistas andan muy ocupados o con pocas ideas. Las chicas de jalea caliente estuvieron ahí desde el comienzo y me propusieron un show de karaoke homenaje a astrid hadad. Eso ya era bastante. Además otros amigos como Violeta Ospina y Samuel Céspedes tenía ideas performáticas. Ese día 24 de septiembre había muchas cosas en la ciudad, concierto de La Prohibida, Frente cumbiero, Velandia y la Triga, que vaina, pero ni modo, la fecha ya estaba definida. Faltando pocos días para la fiesta me di cuenta que casi todo iba a depender de mí, de lo que yo hiciera para sorprender a la gente. yo estaba prometiendo sorpresa pero la verdad tenía pocas. fue muy interesante tener que pensar alrededor de la sorpresa, realmente sí fue un laboratorio para mi, se me ocurrían muchas cosas pero todas ligadas al dinero y ninguna realmente definitiva. un día antes de la fiesta aún estaba esperando que algo se me ocurriera. Con unos amigos de Mateo estábamos pensando en darle una sorpresa ya que se iba de viaje dentro de poco. Uno de ellos habló de una papayera. Era una buena idea pero algo costosa. El día de la fiesta, como último recuerso, sabiendo que debía sorprender, el viernes en la mañana, busqué en las páginas amarillas, músicos, llamé a una papayera y listo, así de una ya tenía una gran sorpresa. Fui a San Victorino compré una piñata y la llené de monedas de verdad y monedas de chocolate. Allá encontré un payaso anunciador, le dije que se pasara por la peluquería en la noche. Siempre estuve esperando que algo me sorprendiera, que la fiesta creciera sola y que no todo dependiera de lo que yo hacía.

La fiesta comenzó cuando llegó el payaso y empezó a anunciar la fiesta con su megáfono en la calle. Había mucho movimiento. Llegó la policía y dijo que había mucho ruido. Vecinos envidiosos. El payaso tuvo que callarse. La gente empezó a llegar. De repente había muchas personas por entrar. Pensé que podría llenarse. Gente buena onda. Después de que entraron unas 60 personas no entraron más. Tal vez más tarde, me decía. Las chicas de jalea se presentaron con traje de luces. Siempre me ha parecido vacano de ellas que se animan a presentarse en vivo, de hacer un show, pocos se atreven, además se trata de darle oportunidad a le gente para se entregue al canto. valioso. Luego comenzó a tocar Mateo y la fiesta se empezó a prender. A las 12 30 entró la papayera con su música interrumpiéndolo todo, y la gente sí, se sorprendió, felices de haber pagado por una fiesta y recibir más, esa es la sorpresa, lo inesperado, lo que cae de repente, y uno está allí bailando música de papayera sin siquiera haberlo imaginado. En un momento tuve que decidir si contratar a la papayera y quedarme con más plata o contratarla y en verdad hacer una gran fiesta. la verdad pensé que iba a ir más gente entonces me la jugué con la papayera. La gente se la bailó con toda. Mateo pasó de estar molesto porque le interrumpieron la música a sorprendido porque uno de los integrantes de la papayera le dijo que buen viaje. Ya todo estaba hecho, y la sorpresa cumplida. El resto de la fiesta fue un baile desenfrenado a ritmo del dj barbaroja, supercumbiero. Me gustaba tener el poder de la fiesta, que todo partiera y dependiera de mi. Faltaba la piñata, la rifé entre todos y nadie se la gano. Las chicas de la peluquería propusieron que la rompiera el chico de la entrada, el que requisaba, fui y le hice creer que se había ganado la rifa. Él no se resistió, parecía que le gustaba la idea, accedió a cubrirse los ojos y cuando esperaba paciente con el palo en las manos, mientras yo iba a buscar un micrófono y hacer todo el ritual de la piñata, otro chico, Sebastián Cruz, a quien yo le había estado pidiendo sorpresa toda la fiesta, le rapó el palo y rompió de una la piñata, algunos se lanzaron a recoger lo que había, muchos ni se dieron cuenta que la piñata había sido ultrajada de esa forma. Me dio rabia con Sebastián y a la vez risa, y sí la verdad es que me sorprendió. Yo me había comido una anfetamina y tenía un montón de energía. Después de la euforia y de los abrazos embriagados, llegó el momento de hacer cuentas. Habían pagado completo como 80 personas, al final había como unas cien personas. Pagué todo lo que debía y al final me quedaron como 40 mil pesos. Yo estaba tan contento que no me importó. Después de tanto tiempo y energía, me hubiera gustado darle más dinero a los artistas que me ayudaron, al dj también, pero no pude. Me quedé barriendo con toda la energía acumulada. Llegué a casa y solo pude dormir hasta las 11 de la mañana. Contento. Al despertar, después de la euforia, hice mil cuentas y sí, me quedaron como 40 mil. Poco. Muy poco después de tanto. Esperaba conseguir algo de dinero pero nada, no funcionó, pero por lo menos fue divertido.